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martes, 11 de octubre de 2011

El gran descubrimiento del Dr. Semmelweis.

UN HÉROE POCO CONOCIDO: el Dr. Semmelweis

 El Dr. Semmelweis descubrió que los médicos lo estaban  haciendo mal  y su descubrimiento salvó miles de vidas... y hubiera salvado más si le hubieran hecho caso antes.

La situación previa al descubrimiento.
Desde que el ser humano fabrica y maneja herramientas ha empleado su ingenio también en el desarrollo de técnicas quirúrgicas cada vez más sofisticadas. Pero hasta la revolución industrial (finales del siglo XIX) no se vencerían los tres principales obstáculos con los que se encontró esta especialidad médica desde sus inicios:
1.      la hemorragia,
2.      la infección.
3.      el dolor.
Y conseguir vencer estos obstáculos costó.
Por ejemplo, la primera vez que se utilizó éter como anestésico fue en 1842. Los antisépticos no se empiezan a usar hasta  1865. En 1901 se describió el sistema de ABO y en 1940 el sistema Rh, sin esto las trasfusiones sanguíneas no funcionarían.
La existencia de microbios y del mecanismo del contagio para explicar las causas de las enfermedades nace como teoría alrededor de 1870, pero no se demuestra y no se acepta comúnmente aún.
-Pasteur, en 1871 sugirió a los médicos de los hospitales militares  hervir el instrumental y los vendajes. Describió un horno, llamado "horno Pasteur", útil para esterilizar instrumental quirúrgico y material de laboratorio. La esterilización por vapor se empieza a usar en 1886.
-El uso de gorro, mascarilla y guantes de algodón en el campo quirúrgico  es de 1887.
-El primer cirujano en emplear guantes de goma en el quirófano lo hizo en 1890
(Los Rx se descubrieron en 1895)
-La idea de que una bacteria puede provocar una infección, y una enfermedad y que esa bacteria puede contagiarse de una persona fue premio Nobel para Koch (descubrió el Bacilo de Kock que causa la tuberculosis) en 1905.
-La Penicilina se descubre en 1928 (pero no se empieza a usar hasta varios años después. El primer ser humano tratado con penicilina purificada fue en 1941. El paciente mejoró al principio pero falleció porque no se le pudo administrar suficiente fármaco, se les acabó, y aún no había forma de sintetizar grandes cantidades. Un laboratorio químico tuvo que hacer la inversión para desarrollar un método químico  de conseguir penicilina y así comenzó el reinado de las empresas farmaceúticas, (pero esa es otra historia…)

Cirugía usando una técnica de asepsia. Los cirujanos siguen sin usar guantes, mascarilla o ropa limpia.

CONCLUSIÓN: Todos los avances tardaban en extenderse y generalizarse mucho más que ahora. La idea de los gérmenes como causantes de enfermedades y su transmisión no había nacido (aunque por aquel entonces las medicinas tradicionales empíricas ya tenían sus miles de años). La mayoría de los logros de la medicina son muy recientes, quizá por ello la esperanza de vida a aumentado varias décadas desde entonces: higiene, vacunación, antibióticos…


Ignacio Felipe Semmelweis (Semmelweiss Ignác Fülöp)

(1818- 1865) fue un médico ginecólogo húngaro que intentó durante su carrera salvar la vida de las mujeres que daban a luz, que eran  muchas. Fue denostado por la comunidad científica de su época y acabó falleciendo a los 47 años en un asilo-manicomio por el mismo tipo de infección de la que pretendía salvar a sus pacientes. Actualmente es considerado una de las figuras médicas pioneras en antisepsia y prevención de la infección iatrogénica. Sus ideas han salvado millones de vidas aunque tardaron algunas décadas  más en aplicarse.
Iba para abogado pero finalmente estudio medicina en Viena. Sus profesores fueron algunos de los mejores médicos de su época: Skoda, Rokitansky, Hebra…
Skoda fue un  fabuloso clínico famoso por el “nihilismo terapeútico”: si no sabes lo que es lo mejor es no hacer nada. Y tenía razón. Hasta mediados del siglo XIX la mayoría de los tratamientos médicos eran, en el mejor de los casos inocuos y en no pocos casos directamente perjudiciales o causa  de la muerte. Pese a los miles de años de historia de la medicina no se sabía apenas nada.
Desde que Semmelweis  descubrió la infección en cirugía no dejó de pensar en ella "Todo lo que aquí se hace me parece muy inútil; los fallecimientos se suceden de la forma más simple. Se continúa operando, sin embargo, sin tratar de saber verdaderamente por qué tal enfermo sucumbe antes que otros en casos idénticos".
Con 28 años se doctora en obstetricia y ginecología y trabaja como asistente del profesor Klein, (que será su mayor adversario), en una de las Maternidades del Hospicio General de Viena. Es el comienzo de una obsesión.


El descubrimiento

Al poco tiempo de empezar a trabajar en la Maternidad de Viena, Semmelweis comienza a observar con preocupación la alta tasa de mortalidad entre las parturientas, entre fuertes dolores, fiebre alta y una intensa fetidez. 


En este hospicio se disponía de dos salas de partos. En la primera sala la mortalidad media anual llega al 30% y los primeros meses en los que Semmelweis empieza a trabajar llega al 96%. Hace cálculos con un rudimentario método epidemiológico (y por entonces aplicar las matemáticas a la medicina es también bastante revolucionario), compara su sala con la otra, donde la  mortalidad es mucho mejor, busca diferencias, lee teorías de otros antes que él…

Se dad cuenta de que su sala es la sala de los estudiantes de medicina y de él mismo.  La sala de al lado es la utilizada por las matronas y mujeres más pobres. Allí la mortalidad solo aumenta cuando pasan los  alumnos de medicina. Algo están haciendo mal. 


La diferencia que encuentra es que los alumnos de medicina, y él mismo al  enseñarles, tocan cadáveres en la sala de anatomía y después atienden partos. Esto le lleva a formular la ingeniosa (para su época) (y correcta) teoría de que las manos sucias transportan algún tipo de "materia putrefacta" desde los cadáveres hasta las mujeres, siendo ese el origen de la fiebre puerperal.



El doctor Klein no está de acuerdo con las conclusiones de Semmelweis: sus propias teorías acerca del problema van desde la brusquedad de los estudiantes a la hora de realizar los exámenes vaginales hasta el hecho de que la mayor parte de ellos sean extranjeros (procedentes de Hungría, sobre todo). Por aquel entonces se desconoce la existencia de los microorganismos. La teoría vigente es la de los miasmas: conjunto de emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras causantes de enfermedad. De hecho las teorías anteriores eran mucho peores: Cuando en el siglo XIV preguntaron a  los médicos de la facultad de medicina de la Universidad de París la causa de la peste negra de 1347-1351, todos los presentes determinaron  por acuerdo, que era el resultado de la corrupción del aire causada por la conjunción de Júpiter, Saturno y Marte en 1345.
Se conservan algunas cartas de Semmelweis a su amigo: "No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos".





En 1846 decide instalar un lavabo a la entrada de la sala de partos y obliga a los estudiantes a lavarse las manos antes de examinar a las embarazadas, una medida revolucionaria. El doctor Klein se niega a aceptar esta medida  y a los pocos días lo despide. Se va de viaje, intenta olvidar, pero entonces se entera de que su profesor de anatomía acaba de morir tras producirse una herida durante una disección y desarrollar unos síntomas similares a los de la fiebre puerperal. Se convence de que la causa es alguna sustancia presente en los cadáveres, ya no puede dejarlo.


El rechazo

Por influencia de Skoda, otro de sus profesores, (“el nihilista”) es admitido como ayudante en la sala del doctor Bratch, la sala de las matronas al lado de  la de Klein. Así vuelve a trabajar cerca de su profesor y adversario, cada uno en una sala, con  mucha tensión.  
A petición suya los estudiantes de la sala del profesor Klein pasan a la sala del profesor Bartch: ese mes la mortalidad en esta sala sube del 9 al 27%. Un experimento fatídico.
Inmediatamente decide preparar una solución de cloruro cálcico y obliga a todos los estudiantes que hayan estado trabajando en el pabellón de disecciones ese día o el anterior a lavarse antes de examinar a las embarazadas, con lo que la mortalidad desciende al 12%. Esperaba más, y no  entiende el problema, pero tiene las pruebas que busca. Durante meses realiza un minucioso trabajo descriptivo acerca de los fallecimientos y las circunstancias en que se suceden, consulta los archivos y registros de la Maternidad de Viena desde su apertura (unos 65 años de archivos) y elabora tablas cruzando los datos de partos, defunciones y tasas de mortalidad para esos años. Quiere demostrar sus teorías utilizando matemáticas y estadística, demasiado para sus adversarios, otra vez se adelanta a su época.
Ese año diagnostica de cáncer de útero a una mujer que se creía embarazada. Tras examinarla explora a cinco mujeres durante el parto; las cinco mueren por fiebre puerperal.  Cambia sus ideas: la manos pueden ser vectores de transmisión de sustancias infectantes, incluso lavadas. Las sustancias infectantes no provienen solo de los cadáveres.



Decide extender la práctica del lavado con cloruro cálcico a cualquiera que vaya a examinar a las embarazadas y entre paciente y paciente, y la mortalidad cae casi a 0. Tiene las pruebas, tiene los datos pero… por vanidad o por envidia, los principales cirujanos y obstetras europeos ignoran o rechazan su descubrimiento. Llegan a afirmar que no es posible reproducir los resultados de su experimento, y que ha falseado las estadísticas obtenidas, que algunos tampoco entienden. Solo cinco profesores le mostrarán apoyo público: Skoda, Rokitansky, Hébra, Heller y Helm. Sin embargo en la corte prevalece la opinión del doctor Klein, su vecino en el hospital y adversario y en 1849 Semmelweis es nuevamente expulsado de la Maternidad por agitador.
En palabras del profesor Hebra: "Cuando se haga la Historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos y tan estúpidos".
Semmelweis se marcha a Hungría en plena revolución y un amigo lo encuentra meses después viviendo en la miseria, con un brazo y una pierna fracturados, y hambriento. Gracias a él es aceptado en la Maternidad de San Roque de Budapest como ayudante. Pasará los próximos años escribiendo en secreto su principal obra y obsesión: De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal.





Los últimos años de Semmelweis

En 1854  consigue ser profesor de la Maternidad del clínico de la Universidad de Pest, por fin puede mandar y que le obedezcan. A partir de ese momento prácticamente desaparece la mortalidad por sepsis puerperal.
El ambiente hostil le empuja a escribir una carta a todos los profesores de obstetricia:
CARTA ABIERTA A TODOS LOS PROFESORES DE OBSTETRICIA
"¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias..."



Esto empeora su situación pública y comienza un período de desequilibrio  mental, pierde amigos y aliados y llega a pegar pasquines por las paredes de su ciudad en los que advierte a las familias de las mujeres embarazadas del riesgo que corren si acuden a los médicos. Sufre alucinaciones, busca tesoros escondidos en las paredes de su casa y es  internado en un asilo-psiquátrico. En abril de 1865, tras presentar síntomas de mejoría, es dado de alta. Aprovecha su libertad para entrar en el pabellón de anatomía donde, delante de sus alumnos, abre un cadáver y utiliza después el mismo bisturí para provocarse una herida: enferma. Skoda acude a Budapest, pero tras tres semanas de fiebre y los mismos síntomas que los de las mujeres que tantas veces vio morir, él mismo muere a los 47 años en brazos de su profesor.


El Hospicio General de Viena tiene una estatua que representa al profesor Semmelweis. Bajo la efigie se ha colocado una placa con la inscripción: "El salvador de las madres".


NOTA: que se rieran de él  aunque tuviera razón no significa que haya que darle la razón a cualquiera que cause risa. La historia también está llena de “locos” que estaban equivocados. Sin embargo sí hay que mirar muy bien las estadísticas y los datos, aunque rompan con la más afianzada de las teorías. Son las pruebas lo que sirve, y ante las pruebas (evidencias) no hay teoría que se resista.  



Puedes  ver un vídeo contando esto de un documental en el canal de Historia:


Autor: Samuel Franco Domínguez
http://rehabilitacionblog.com